Una propuesta diferente para el Campeonato Nacional

El reciente cambio en el formato del Campeonato Nacional de Ajedrez, categorías infantiles y juveniles, es sin lugar a dudas un intento meritorio de la dirigencia por eliminar en lo posible el factor azaroso que puede tener el resultado en un torneo.

 

La instauración de semifinales con los mejores 6 jugadores, que luego disputarían una final en un torneo round robin es una mejora, pero no basta. Aquí una propuesta interesante de nuestra editorial.

Si nos remitimos a la historia, encontraremos que este formato de eventos para definir un Campeón se inicia en el Torneo de 1948, que consagró al soviético Mikhail Botvinnik como Campeón Mundial, en un evento de 5 jugadores, de los cuales 3 eran soviéticos (Botvinnik, Keres, Smyslov). Junto a ellos Max Euwe (Holanda), Samuel Reshevsky (Estados Unidos).

Una vez definido el Campeón Mundial, los torneos para escoger al retador, es decir los torneos de Candidatos, también se desarrollaban de la misma manera; así por ejemplo:

Candidatos 1950: 10 jugadores en total, de ellos 5 jugadores de la Unión Soviética; Bronstein, Boleslavsky, Smyslov, keres, Kotov. Sin considerar 2 jugadores que llegaron a vivir dentro del bloque soviético como Salo Flohr (Checoslovaquia), Andor Lilienthal (Hungría). Es decir de 10 jugadoes, 7 tienen una misma tendencia.

Candidatos 1953: 15 jugadores en total, de ellos 9 jugadores de la Unión Soviética; Smyslov, Bronstein, Keres, Petrosian, Geller, Kotov, Taimanov, Averbakh, Boleslavsky.

Candidatos 1956: 10 jugadores en total, de ellos 6 jugadores soviéticos; Smyslov, Keres, Spassky, Petrosian, Bronstein, Geller.

Candidatos 1959: 8 jugadores en total, de ellos 4 jugadores de la Unión Soviética; Tal, Keres, Petrosian, Smyslov.

Candidatos 1962: 8 jugadores en total, de ellos 5 jugadores soviéticos; Petrosian, Geller, Keres, Korchnoi, Tal. En este torneo Tal enfermó y no pudo continuar el evento. Es un hecho notable que el único jugador  que visitó a Tal en el hospital fue el norteamericano Fischer!

Este último torneo significó un reclamo por escrito del GM americano Robert Fischer aduciendo que la ventaja en el número de participantes de un mismo equipo, es una ventaja decisiva en la clasificación del torneo, para aquellos que duden de nuestras palabras a continuación reproducimos la famosa carta del genial jugador:

“La URSS controla el ajedrez”

El Torneo Internacional de Candidatos, que reunió a los mejores aspirantes al Campeonato Mundial de Ajedrez, me convenció de que el control ruso del juego ha eliminado toda posibilidad de competencia leal. El sistema implantado por la Federación Internacional garantiza que el campeón mundial será siempre un ruso, ya que solo los rusos pueden ganar el torneo preliminar, en que se clasifica el retador del campeón. Y es que aquellos han dispuesto que así sea. En lo que a mí respecta, que se salgan con la suya, pues nunca más participaré en esos torneos.

Se me ha dicho que es una decisión difícil, porque significa que abandono mis esperanzas de conquistar el título mundial. La verdad es que, mientras subsista el sistema actual, ni yo, ni ningún ajedrecista de los países occidentales podrá ganar el Campeonato. No ha sido pues, una decisión difícil. Pero sí difícil de explicar. Digo esto, porque todo lo que declare yo, o cualquier jugador occidental, podrá tildarse de excusa por no haber superado a los rusos en Curacao. Todo perdedor que trate de explicar por qué no ha ganado el título mundial, o que insista en que el sistema en vigor hace imposible la competencia en igualdad de condiciones con los rusos, correrá el peligro de ser acusado de envidioso. Se ha dicho que es solo necesario ganarles a los rusos varias veces para que estos pierdan su dominio internacional del ajedrez. El problema no es tan sencillo. Si parezco envidioso espero que la exposición de los hechos borre esta impresión. Empecé a jugar al ajedrez hace once años, cuando tenía ocho. En 1959 me clasifiqué para el Torneo de Candidatos, que ese año tuvo lugar en Yugoslavia. El vencedor le disputaría el título mundial a Botvinnik. Participaban ocho jugadores, cuatro de ellos eran rusos. Terminé empatado el quinto puesto, después de los cuatro rusos. En los tres años que mediaron hasta el siguiente Torneo de Candidatos, aproveché todas las oportunidades de jugar con los rusos. En cada caso derroté a aquellos con quien había jugado en Yugoslavia (que participaron luego en Curacao). También los superé en los torneos en que participamos. En Estocolmo, por ejemplo, les gané con una ventaja de dos y medio puntos, y en Bled, Yugoslavia, me impuse a los cuatro participantes rusos por un margen de tres y medio puntos a medio, es decir, les gané tres partidas y empaté una.

Pero entre 1959 y 1962 se me hizo más abierto el manejo de los rusos del Torneo de Candidatos. En Curacao ejercieron un dominio evidente. Hubo arreglos previos descarados entre los rusos, de hacer tablas entre sí, con lo que cada uno se anotaba medio punto. Petrosian, el ganador del torneo, se anotó de esta manera cinco y medio puntos de su total de 17.5 puntos. Y hay más. Durante los juegos, los jugadores se consultaban. Las veces que me tocaba jugar con un ruso, sus compañeros se acercaban a la mesa y comentaban las jugadas. Luego se mofaban cuando yo me quejaba a los dirigentes del torneo. En fin los rusos jugaban en equipo.

El problema actual en el ajedrez internacional se remonta a los años que siguieron a la II Guerra Mundial. En marzo de 1946, cuando falleció en Lisboa Alekhine, no existía un sistema bien definido para encontrar el sucesor del campeón. Con anterioridad el mismo campeón decidía con quién iba a jugar. Era un proceder injusto, porque el campeón podía negarse a hacerlo con un rival al que creyera con posibilidades de ganarle el título. En general el problema tenía que ver también con el dinero: si el retador no conseguía la bolsa suficiente para tentar al campeón, no llegaban a jugar. Repito era un proceder injusto a veces, pero que no carecía de cierta lógica. Ahora, ni con dinero puede uno desafiar al campeón.

En vez de dinero, los rusos emplean la propaganda como incentivo para la retención del título, y el sistema de que se valen no tiene sentido. Personalmente estaría dispuesto a jugar en cualquier momento con Botvinnik y dejaría a su disposición el tiempo y lugar, así como la suma de dinero que nos disputaríamos. Es más, me atrevería a darle una ventaja de dos puntos en un match de 24 partidas. No es por vanidad por lo que digo que triunfaría con facilidad: Botvinnik ya ha sido campeón demasiado tiempo, su reino perpetuado por el sistema que se emplea para escoger a los aspirantes, y ya no tiene la talla de campeón mundial.

El torneo para escoger al sucesor de Alekhine se verificó en 1948, con la participación de cinco jugadores, tres de ellos rusos. Botvinnik ganó el torneo y el título mundial, pero no por un margen tal que permitiera suponer la superioridad de él y sus compatriotas. La ventaja de Botvinnik aún hubiera sido menor (y posiblemente no hubiera existido) de no haber ocurrido que otro ruso, Paul Keres, perdió todas las partidas que jugó contra él, menos la última, cuando ya no podía ser desalojado del primer puesto. Así que, desde un comienzo cabía la suposición de que la superioridad numérica de los rusos en los Torneos de Candidatos era decisiva. Pero al principio no se escucharon muchas críticas.

Ya para 1953, cuando yo empezaba a tomar en serio el ajedrez, todo el mundo hablaba de la manera injusta en que escogían los rivales de Botvinnik y se acusaba a los rusos “arreglar los torneos para mantener el campeonato mundial en manos soviéticas”. Por ejemplo, después del Torneo de Candidatos de 1953, la revista Chess Review dijo: “Ha habido conclusión innegable entre los rusos para anular la oposición occidental”. En apoyo de su acusación la revista señalaba que nadie podía evitar la victoria de uno de los candidatos rusos si en un momento crítico los demás candidatos soviéticos entregaran sus partidas al que mayores probabilidades de victoria tuviera; estando los jugadores rusos con ventaja, podía asegurar la victoria declarando tablas todas las partidas que jugaran entre sí. El New York Times dijo en un editorial que el sistema empleado para escoger al aspirante al título mundial “se presta a posible conclusión entre los jugadores soviéticos, con el fin de asegurar la victoria de uno de ellos sobre un rival de otro país”.

Esto se decía hace nueve años, cuando yo tenía apenas diez, así que no se me puede acusar de estar movido por la envidia. Desde entonces los rusos han perfeccionado más y más el método para mantener su dominio del ajedrez. En Curacao intervinieron cinco rusos, de un total de ocho jugadores. Pero el ex campeón mundial, Tal, quien convalecía de una operación de los riñones, enfermó y tuvo que retirarse del torneo, por lo que no participó en las maniobras del equipo soviético. Cuando a los otros rusos les tocaba jugar entre sí, se iban a nadar por las tardes, se presentaban a la hora indicada, hacían unas cuantas jugadas rápidas, cambiándose alguna pieza, entonces uno de ellos ofrecía tablas: ¿Niche? Preguntaba, “Niche” contestaba el otro. Firmaban sus planillas con sus jugadas debidamente anotadas y las entregaban al árbitro. Luego se iban muy campantes a cenar o volvían a la piscina. Los demás participantes jugábamos cuatro partidas por semana, y dedicábamos otros dos días a terminar las que habían sido suspendidas. Yo jugué todos los días señalados en el horario del torneo, es decir prácticamente seis días, por semana. Pero cuando los rusos acordaban declarar tablas lo hacían después de pocas jugadas, mucho antes de la hora fijada para la suspensión de los juegos. Como resultado jugaban solo cuatro días a la semana, y cuando jugaban todos entre sí, y declaraban tablas las partidas, en realidad lo hacían solo dos veces.

Geller y Petrosian declararon tablas en su primera partida después de 21 jugadas. Jugaron otra vez en la décima vuelta e hicieron tablas en 18. El próximo juego hicieron tablas en 16, y en el último en 18.

Keres y Petrosian declararon tablas en 17 jugadas en su primera partida. Sus otras partidas terminaron en tablas tras 21, 22 y 14 jugadas. En esta última partida se les fue la mano, pues Petrosian pudo haber ganado.

Según se observa el rey de Keres está en posición vulnerable y es patente la debilidad de sus piezas en el ala de dama. Pero a pesar de la superioridad de la posición de Petrosian declararon tablas.

Nota: Según Fritz esta posición es clara ventaja negras con las tres principales respuestas:

15.Db3 (-0.71); 15.Da3 (-0.97); 15.Db6 (-0.97)

También se sucedieron las tablas entre Keres y Geller. En sus cuatro juegos las acordaron en 27, 12, 22, 15 jugadas.

La actuación de Korchnoi fue menos clara. En la primera mitad del torneo él también hizo tablas con sus compatriotas. Entonces tuvimos un descanso de cinco días, y todos visitamos la isla de San Martín. Los cuatro rusos a esa altura del torneo, estaban prácticamente empatados en el primer puesto y se pronosticaba que al reanudarse los juegos uno de ellos empezaría a perder, para entregarle así sus puntos a los otros. No conocemos los detalles de lo que hablaron y acordaron los rusos en San Martín, pero el hecho es que al continuar el torneo Korchnoi comenzó a perder en tres juegos seguidos con Geller, Petrosian y Keres.

En la vuelta final hizo tablas en juegos rápidos con Geller y Keres y perdió otra vez con Petrosian. Este último como se sabe, ganó el torneo. Cada persona puede interpretar estos hechos como quiera, pero en todo caso demuestra la ventaja que gozaba el equipo soviético sobre los jugadores individuales de los países occidentales.

En algunas ocasiones, después de tablas arregladas de antemano, los rusos se quedaban en el salón, y a viva voz analizaban y comentaban los juegos en que yo participaba. Es una violación flagrante del reglamento discutir las jugadas de una partida en marcha, hablar con un jugador, o aun hablar en voz alta con quien sea. He estudiado suficiente ruso como para leer libros de ajedrez en ese idioma, así que pude entender perfectamente lo que decían. Comentaban que tal jugada era buena o mala, o cosas por el estilo. Aunque a veces los consejos que se daban eran malos, el proceder de los rusos no dejaba de molestarme. Me irritó esa descarada violación del reglamento y protesté, pero sin obtener satisfacción. Siguieron las molestias hasta que llegó un momento en que los soviéticos tenían tanta ventaja, que ya no les hacía falta hostigar a sus rivales.

Alguien me preguntó hace poco: “¿Qué conclusiones sacó del torneo?”. Contesté: Que no volveré a participar. Para un jugador de occidente es una pérdida de tiempo. El sistema actual para escoger el retador del campeón perjudica al ajedrez y a los jugadores, y rebaja de categoría el título mundial. El público ha dejado de interesarse en un título de esa manera.
Acaso los jugadores también dejen de interesarse. Para mí la falta de interés es permanente”.

La carta del GM Robert Fischer termina aquí.

No se puede desconocer que la  ex – Unión Soviética desarrolló el ajedrez a niveles nunca antes alcanzados, que este proceso se inició con la Revolución Bolchevique, en 1917, y se encuentra dividido en cuatro etapas:

  • 1917-1925: Búsqueda de organizaciones y movimientos de ajedrez.
  • 1925-1931: Las organizaciones creadas popularizaron el ajedrez a niveles masivos.
  • 1931-1941: Aparición de destacados jugadores.
  • 1945 en adelante: La Unión Soviética emerge como la principal potencia en el mundo del ajedrez.

Estos detalles se desprenden, entre otros textos, del libro, The Soviet Chess School,  de los conocidos autores Alexander Kotov, y Mijail Yudovich.

Es evidente que un proceso organizado, con metas claras y definidas, debe tener como lógica conclusión, una relevante posición en la actividad seleccionada.

Los jugadores soviéticos que ostentaron el título mundial, casi en su totalidad tuvieron clase de Campeón Mundial; incluso algunos que no tuvieron el cetro, también la tuvieron, como Keres, Bronstein o Korchnoi.

Sin embargo, es evidente que quien cuenta con una mayoría de participantes tiene ventaja en un determinado torneo.

 

La ventaja de la historia, es conocer el pasado, para evitar y/o corregir los errores.

Esta es entonces la modificación sugerida:

    • En semifinales deben clasificar ocho jugadores.

 

    • La ubicación de semifinales no es irrelevante, así los dos primeros clasificados estarían en el extremo de las llaves eliminatorias, para que en teoría se enfrenten en la final.

 

Final del Campeonato Nacional
 
Cuartos de Final   Semifinal   Final
1        
5        
7        
3       Tercer Lugar
4        
8        
6        
2        

 

    • La final se debe jugar en matches eliminatorios, cada match puede ser de 4 partidas (dos diarias), Dejando un día para los desempates (de 25, 15, 5, y muerte súbita 6 minutos para las blancas con la obligación de ganar, y 5 minutos para las negras que con el empate ganan)

 

Campeonato Nacional
Cuartos de Final Semifinales Final
Día 1 Día 2 Día 3 Día 4 Día 5 Día 6 Día 7 Día 8 Día 9
Partida 1 Partida 3 Desempates Partida 1 Partida 3 Desempates Partida 1 Partida 3 Desempates
Partida 2 Partida 4   Partida 2 Partida 4   Partida 2 Partida 4  
                 
            Tercer Lugar
            Día 7 Día 8 Día 9
            Partida 1 Partida 3 Desempates
            Partida 2 Partida 4  

 

    • El formato de campeonato sugerido estimula a participantes, entrenadores, dirigentes, elevaría la preparación de las partidas, y el nivel del ajedrez en general.

 

    • El campeón que salga de esta selección tiene derecho a llamarse a sí mismo, Y A SER RECONOCIDO COMO CAMPEÓN.

 

“Conocer el movimiento de las piezas, no es suficiente para una persona que se considera a sí misma jugador”.

Alexander Petrov

 

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